Juan
respondió al encuentro con Jesús con su amistad, con su vida y su palabra, con
el Evangelio. De ese testimonio vive hoy la Iglesia. Juan y su hermano Santiago
se contaban entre los primeros discípulos a quienes Jesús llamó. Ellos dejaron
su familia, su trabajo y sus posesiones y siguieron a Jesús.
Allí
destella una determinación sin condiciones, una determinación de la que sólo el
amor es capaz.
Al
principio, Juan y Santiago eran dos muchachos pendencieros de una ambiciosa
familia. La madre pujaba para que sus hijos tuviesen la posibilidad de sentarse
a la derecha y a la izquierda de Jesús. Jesús preguntó a los dos jóvenes:
¿podéis beber el cáliz? Su respuesta, ingenua y magnánima, fue: ¡podemos! Es una
sana seguridad en sí mismos que la vida posterior habría de purificar. Juan era
uno de los “tres amigos íntimos de Jesús”, como lo ha formulado Albert
Schweitzer. Estuvo con Él en el monte, cuando se abrió el cielo. Ellos fueron
los primeros en reconocer quién era Jesús y qué había venido a traer al mundo.
También en el huerto de Getsemaní, al pie del monte de los Olivos, estuvieron
junto a Jesús, en la hora de la lucha y de la angustia. A Juan se le concedió
reposar junto al corazón de Jesús en el cenáculo. Sólo él pudo plantear, por
encargo de Pedro, la pregunta: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?”. En
el Evangelio se designa a Juan como el discípulo “preferido” de Jesús. Era el
privilegiado, tal vez mimado como algunos hijos únicos, pero también ambicioso
y luchador. Juan vivió y padeció horas de confusión y de miedo, estuvo al pie
de la cruz, fiel y desvalido, junto a la madre de Jesús, de quien habría de
ocuparse en adelante. Cuando María Magdalena informó a los discípulos que se
habían llevado a Jesús del sepulcro, Juan y Pedro corrieron, a cual más
velozmente, hasta el lugar. Juan llegó primero, Pedro era más lento, pero más
sólido y preciso a la hora de examinar el sepulcro vacío. Juan “vio y creyó”,
lleno de entusiasmo juvenil.
Es
interesante ver a Juan y su carácter en comparación con los demás discípulos de
Jesús. Juan es el amigo, Pedro es la figura del que guía, la roca; Natanael es
el estudiante; Tomás, el crítico; Judas, el trágico; Andrés y Santiago son los
mayores, que llevaron a los más jóvenes hasta Jesús. Todos tenían talentos y
rasgos de carácter diferentes y recibieron de Jesús tareas distintas.
Al
discípulo preferido de Jesús se lo designa como el autor del Evangelio de Juan.
Él sabía cómo habían descrito la vida de Jesús los otros evangelistas y
escribió un Evangelio totalmente diferente. con su amor pudo mirar a lo hondo.
Como ningún otro había escrutado el corazón de Jesús, y nos regaló un relato
sobre lo que movía a Jesús en lo más hondo. Juan elige con audacia una forma
literaria artística a fin de sacar a relucir las inquietudes del corazón de
Jesús.
Carlo M.
Martini