¿Qué pensarías si te dijera que ser
cristiano es descubrir que Dios es una Buena Noticia, lo mejor que te puedes encontrar en la vida? Seguramente, no me creerías. Al
menos, tú nunca lo has sentido así. Hay algunos que dicen cosas muy hermosas de Dios, pero vete a saber quién
vive así a Dios de verdad.
Para
ti las cosas han sucedido de otra manera. Tú no te has hecho cristiano porque has descubierto que
Dios era algo bueno para vivir. A ti te bautizaron cuando eras todavía niño, te han dicho
que eres cristiano y ahí sigues sin saber exactamente por qué crees y sin que
hayas experimentado nunca que Dios es algo especialmente gozoso.
Tu
fe no te llena de alegría. Al contrario, muchas veces sientes la religión como un peso.
Por eso la vas dejando poco a poco, más que por razones convincentes, por comodidad,
cansancio y aburrimiento. Lo que sucede es que dejar de esa manera tu fe no te va
aportar más luz, más verdad ni más alegría.
Tal
vez, no has abandonado a Dios pero vas reduciendo tu religión al mínimo. Todo lo que está relacionado con la fe, la Iglesia o los curas, lo vives con
desconfianza y recelo. No te produce ninguna alegría. Para ti Dios es cualquier cosa menos una Buena Noticia
capaz de poner alegría en tu vida.
Por otra parte, tampoco tienes mucho tiempo para pensar
en estas cosas. Hace tiempo que vives olvidando tu alma. Se te ha olvidado ya cómo se
entra en tu corazón. Has apostado por ·vivir sólo en lo «exterior» y Dios se te está quedando como «algo» cada vez
más lejano. ¿Cómo va a ser para ti una fuente de vida?
Por
eso, no es extraño lo que te está sucediendo. «Pasas» de Dios, lo ignoras, casi
no sabes ni de qué se trata. Has conseguido vivir sin tener necesidad de él. Quizás existe y para muchos es
una suerte encontrar en él fuerza para vivir, pero lo cierto es que a ti no te
sirve hoy para nada.
Te vaya
hablar con toda claridad. Tú no necesitas que te expliquen de manera más
razonable los dogmas de la Iglesia; te haría bien, pero no te serviría de mucho. Lo importante no es que
discutas sobre religión para tratar de aclarar dudas; no adelantarías gran
cosa. Para tomar en serio tu fe, tú necesitas experimentar que creer en Dios te
hace bien.
Es
normal. Hoy es difícil creer en cualquier
cosa. ¿En qué vas a creer? Todos estamos ya escarmentados de promesas, ideologías
y doctrinas que no sirven. Hoy sólo es posible creer en alguien si experimentas
que te ayuda a vivir. Tú empezarás a creer en Dios de verdad cuando puedas
experimentar que te hace vivir con más paz y más confianza; cuando puedas
sentir que te da fuerzas para enfrentarte a tus problemas sin hundirte; cuando
puedas comprobar su perdón y su comprensión inagotable.
Me
dirás que todo esto suena bien, pero ¿dónde puedes tú encontrarte con ese Dios?
¿Cómo puedes experimentar que es bueno para ti? Yo sólo conozco un camino:
Jesús de Nazaret. El es que te ayudará a creer mejor en la Buena Noticia de
Dios.
Hace
unos años, un teólogo alemán, Karl Lehmann, hombre de gran experiencia y buen
conocedor de la sociedad actual decía esto: “El hombre moderno sólo será
creyente cuando haya hecho una experiencia auténtica de adhesión a la persona
de Jesucristo”.
La
investigación moderna sobre Jesús ha llegado a una conclusión bastante
generalizada: Jesús de Nazaret ha sido un hombre, tal vez el único, que ha
vivido y ha comunicado una experiencia sana de Dios, sin desfigurarla con los
miedos, ambiciones y fantasmas que, de ordinario, las diversas religiones proyectan
sobre la divinidad. Él es el que mejor puede ayudarnos a descubrir el verdadero
rostro de Dios.
Pagola, J.A. “Arantzazu” 2005-1