Grandeza
Al
comenzar el día podemos hacer una oración muy sencilla: "Señor, que hoy no busque brillar
yo. Que brilles Tú. Que quien se encuentre conmigo pueda llevarse un poco
de tu paz, de tu alegría y de tu amor." Porque, al final, la
verdadera grandeza no consiste en que el mundo nos recuerde. La verdadera
grandeza consiste en que, gracias a nuestra vida, alguien haya podido
acercarse un poco más a Dios.