viernes, 1 de mayo de 2026

Saltar

“De niño le daba miedo subir al trampolín de la piscina. Llegaba a lo más alto, caminaba por el tablón, se asomaba al borde, con una mezcla de vértigo y ganas, y aunque el agua allí abajo ofrecía mil promesas, también le asustaba pensar en todo lo que podía salir mal. «¿Y si me doy un planchazo? ¿Y si no es tan hondo como parece? ¿Y si alguien se ríe?» Y así estaba, un paso adelante, y otro paso atrás, sin decidirse nunca a saltar.
No recordaba la cantidad de ocasiones en que se había rendido. Desistía. Volvía a bajar por la escalerilla, con una mezcla de vergüenza y decepción, y el estómago encogido por la frustración y los nervios. Pero aunque trataba de no volver a subir, la promesa de zambullirse, al fin, en el agua fresca, le atraía de nuevo a lo alto. Llegó el día en que pudo más el anhelo que la prudencia, la promesa que la desconfianza, el valor que el miedo. Se acercó al extremo. Miró abajo. Se dejó caer inclinando el cuerpo para que la cabeza fuera por delante. Y en esos instantes eternos de vuelo y júbilo, antes de sumergirse en el agua viva, tuvo la certidumbre de que el riesgo merecía la pena.”
Los miedos están para superarlos y los trampolines para saltar desde ellos... ¡Sí, la vida también es salto, valor y Resurrección!

Deseo para después de la muerte

He leído en el periódico
la entrevista a un célebre músico,
verdadero genio del violín.
Manifestaba un gran deseo:
«Quisiera, después de mi muerte,
ser recordado así:
no ha hecho sufrir a nadie».

¡Demasiado poco!
¡Que haya quien nos recuerde
por lo mucho que le ayudamos!

Sentimientos en la hora de la muerte

Estos son los sentimientos
que me gustaría tener
a la hora de la muerte:
pensar que voy a descubrir la ternura.
Yo sé que es imposible
que Dios me decepcione.
¡Sólo esa hipótesis es absurda!
Yo iré hasta Él y le diré:
“No me glorío de nada más
que de haber creído en tu bondad”.

Augusto Valensín, jesuita francés

¡Oh, Jesús!

“¡Oh Jesús, amor mío,
amor de la noche de mi vida!
Alégrame con tu vista
en la hora de mi partida.
¡Oh Jesús de la noche!
Haz que duerma en ti
un sueño tranquilo
y que saboree el descanso
que tú has preparado
para los que te aman”.

Santa Gertrudis