He leído en el periódico
la entrevista a un célebre músico,
verdadero genio del violín.
Manifestaba un gran deseo:
«Quisiera, después de mi muerte,
ser recordado así:
no ha hecho sufrir a nadie».
¡Demasiado poco!
¡Que haya quien nos recuerde
por lo mucho que le ayudamos!
