domingo, 15 de abril de 2018

Sin dificultades


"Viene al caso contar aquí lo que le sucedió a un hombre que contemplaba un capullo de seda en el que había visto que se abría una pequeña brecha. Observó después cómo la mariposa luchaba durante horas para forzar el paso de su cuerpo a través de ese estrecho agujero. Al cabo de bastante tiempo le dio pena, porque le pareció que la mariposa no podía continuar y estaba sufriendo, así que decidió ayudarle abriéndole por completo la salida con unas tijeras. La mariposa salió con gran facilidad. Tenía el cuerpo hinchado y unas alas muy pequeñas. El hombre esperaba que las alas crecerían, pero no sucedió nada más... La mariposa pasó el resto de sus días arrastrándose por el suelo con aquel cuerpo hinchado. Nunca pudo volar: el hombre, en su afán de ayudar, amable y precipitado, no había comprendido que el tiempo y la fuerza que la mariposa tenía que hacer para pasar por la pequeña abertura era el modo natural de forzar la salida de fluidos desde el cuerpo a las alas para que éstas se desarrollaran y fueran capaces de volar".

Tantas veces es la lucha lo que necesitamos en nuestra vida.
Si Dios permitiera que viviéramos sin obstáculos, o nos hiciera superarlos como por arte de magia, no desarrollaríamos nuestras potencias y facultades como debemos: jamás podríamos volar.

sábado, 3 de marzo de 2018

Fraternidad



Se cuenta de dos hermanos que habían heredado un campo de sus padres y ambos habían construido sus casas allí, distantes unos doscientos metros. El hermano mayor, Juan, era soltero y estaba muy feliz con su trabajo en el campo y los diversos hobbies que tenía. El hermano menor, Pablo, estaba casado y tenía dos hijos y un hija; también vivía muy feliz con su mujer y su trabajo. Los dos se dedicaban a la siembra, pero para no tener inconvenientes de ningún tipo habían separado el campo en dos parcelas iguales y también guardaban el fruto de la cosecha en graneros separados. Sin embargo, una noche, Juan pensó que la situación era injusta. Se dijo que él era soltero y no necesitaba tanto como su hermano que tenía mujer e hijos que mantener. Entonces decidió ir a su granero, llenar una bolsa grande, cargarla en sus hombros y llevarla, en el silencio de la noche hasta el granero de Pablo. Casi al mismo tiempo, Pablo también pensó que la situación era injusta. Se dijo que él era casado y que tenía hijos que iban a cuidar de él en su vejez. Sin embargo su hermano Juan, por ser soltero, necesitaba contar con más recursos. Entonces decidió ir a su granero, llenar una bolsa grande, cargarla en sus hombros y llevarla, en el silencio de la noche hasta el granero de Juan. Así fue que, cada noche, protegidos por el silencio y la oscuridad, los dos llevaban una bolsa grande de granos hasta el depósito de su hermano. Claro que, al hacer ambos lo mismo la cantidad de granos permanecía invariable sin que ellos lo percibieran. Esto fue así durante mucho, muchísimo tiempo, hasta que una noche coincidieron sus horarios y se encontraron cargando la bolsa en la mitad del trayecto. No hizo falta que se dijeran ni una sola palabra. Juan y Pablo se dieron cuenta de inmediato lo que estaba haciendo su hermano. Dejaron caer la bolsa a un costado del camino y se dieron un fuerte y casi diría interminable abrazo.

miércoles, 28 de febrero de 2018

LOS TRES MIEDOS DEL NIÑO ENFERMO



El ser humano cuando sufre tiene miedo a tres cosas: al dolor, a estar solo y a sentirse una carga", comenta Blanca López-Ibor.
El miedo al dolor se explica por la experiencia previa del dolor que ha tenido el niño. "No te preocupes que no duele', se le dice; pero cuando le pinchan, le duele. Conviene hablar en positivo y decirle más bien: 'No te preocupes que lo haré muy rápido e intentaré no hacerte daño', advierte la doctora. Ese primer miedo puede curarlo el médico explicando al niño lo que le van a hacer según su nivel de comprensión.
Para aliviar el miedo a estar solo, el niño cuenta con la presencia permanente de sus padres, hermanos, familiares y amigos mientras está enfermo en el hospital.
Y por último, está el miedo a sentirse una carga. "El ser humano, cuando está enfermo, es una carga para los demás; y serio le puede llevar a plantearse el sentido de su vida. Ese miedo solo se cura al saberse y sentirse querido", asegura López-Ibor, En resumen, "el médico puede curar el miedo al dolor; la compañía de los padres el miedo a estar solo; y el miedo a sentirse una carga solo lo cura el amor de sus familiares y amigos".

Resentimiento, venganza, rencor



El pasaje de San Lucas en el que se relata el episodio en el que Jesús envió a varios mensajeros para ir a una población samaritana con el fin de prepararles alojamiento. Aún así, los samaritanos no le quisieron recibir porque Jesús se dirigía a Jerusalén. Esta actitud no gustó nada a Santiago y a Juan, los amigos de Jesús, y le preguntaron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Jesús, volviéndose hacia ellos, les reprendió y les dijo: «No sabéis de qué espíritu sois. El Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos» Y se fueron a otro pueblo.
Jesús nos muestra que el resentimiento, la venganza o el rencor no son la actitud correcta. Él no se detiene en pensar la de veces que se ha sentido ofendido, o en lo ingratas que son las personas a veces, que no le acogieron cuando Él solo les quería hacer el bien; no pierde el tiempo en pensar cómo debería pagarles, o vengarse, por tamaño desplante. Actúa así porque no esperaba que le devolvieran bien por bien, es decir, no se creó falsas expectativas. Como no esperaba nada, la falta de hospitalidad de los samaritanos no le afectó, sino que se concentró simplemente en otra opción. Jesús no permitió que lo sucedido le quitase la paz.

sábado, 10 de febrero de 2018

Ayudar a morir

Nadie nos ha preparado a familiares o amigos para coger la mano del enfermo y recorrer juntos el último tramo de su vida. Queremos acertar, pero no sabemos muy bien qué hacer. Lo primero es centrar nuestra atención en la persona enferma, no en la enfermedad. Los médicos y enfermeras se ocuparán de su mal. Nosotros hemos de estar muy atentos a lo que vive en su interior. Lo nuestro es no dejarle solo, acompañarle de cerca con cariño y ternura grande. Acompañarlo quiere decir escuchar su pena y su impotencia, entender sus deseos de curarse, comprender su desconcierto y sus miedos. Hemos de vitar siempre lo que puede crear en ese enfermo querido turbación, resentimiento o tristeza. Hemos de despertar en él paz, confianza y serenidad. Qué suerte es poder entonces conversar desde la fe para ayudarle, también en esa hora postrera, a sentirse envuelto por el amor inmenso de Dios…Cuando el final se acerca, las palabras resultan cada vez más pobres. Lo importante son ahora los gestos: la mirada cariñosa, el beso suave, la caricia sentida, nuestras manos apretando la suya. Qué consolador poder sugerir al enfermo una invocación sencilla y confiada a Dios que pueda repetir en su corazón”.
José Antonio Pagola

Morir

En realidad, sólo los que no han vivido en serio, los que malgastaron su vida en caprichos y frivolidades, los que sembraron dolor y muerte a su alrededor, los que
asfixiaron la vida y no les importaron los demás, tienen miedo a morir. Los que aceptaron su vida y se atrevieron a vivirla en serio, los que la vivieron como don que se
entrega, aceptan su muerte y la esperan de un modo sereno y libre, como el debido descanso después de una jornada trabajosa y fecunda. Porque la vida mereció la pena, también vale la pena morir. No sólo no temen a la muerte, sino que son incluso capaces de amarla y, como Francisco de Asís, que vivió enamorado de la vida y de todos los seres, alabar a Dios por la “hermana muerte”. Así como la jornada cumplida debidamente, enteramente, da alegría al sueño, una vida bien empleada da alegría a la muerte.

Vivir el presente



En verdad, la vida no es más que una suma de instantes y cada instante perdido es irrecuperable. La decisión de vivir intensamente el presente en ninguna forma significa que debemos vivir sin planes y proyectos, disfrutando irresponsablemente el momento. Significa todo lo contrario: que debemos vivir con intensidad y responsabilidad el presente, haciendo de él una semilla de plenitud y vida, pues el futuro sólo es una sucesión continua de presentes. Sueña, aprende y trabaja como si fueras a vivir para siempre y vive como si fueras a morir hoy. La vida futura será lo que cada uno decida que sea. Debes empezar a construir hoy el futuro que sueñas. Mañana recogerás lo que siembres hoy. Si siembras rabia, violencia, egoísmo, superficialidad…, cosecharás todo eso en el futuro. Pero si siembras paz, alegría y amor, tu vida se irá llenando de dicha y plenitud. Por ello, sin nunca perder el horizonte ni claudicar de tus metas y sueños, vive intensamente cada minuto de hoy pues no regresará. No lo malgastes: hoy es la última oportunidad que tienes para vivir intensamente y empezar a construir un mundo mejor. Sólo quien trabaja por construir un futuro mejor, puede vivir intensamente el presente. Sólo quien conoce el destino camina con firmeza y esperanza a pesar de los obstáculos y problemas.