viernes, 5 de octubre de 2012

Experimentar a Dios



Experimentar a Dios es lo más fácil y, al mismo tiempo, lo más importante en la vida. Yo puedo experimentarlo en la naturaleza, en las estrellas, en el amor, en la música y la literatura, en la palabra de la Biblia, y de muchas otras formas más. Es el arte de la vigilancia interior, que tienes que aprender exactamente del mismo modo que el arte de amar o el arte de ser bueno en el trabajo. (…)
Martini, C.M.: “Coloquios nocturnos en Jerusalén”

jueves, 4 de octubre de 2012

¿Existe Dios?



En nuestra vida diaria nos encontramos personas que de una u otra forma se hacen y nos hacen esta pregunta. Esta cuestión puede ser formulada en distintos momentos: momentos de dolor, de confusión, de soledad o de abandono, pero el interrogante siempre es el mismo.
                Los creyentes tenemos el deber de facilitar la respuesta personal a este interrogante. Tenemos que hacerlo con nuestra vida, con nuestro ejemplo, con nuestra cercanía con Dios, con nuestra confianza en la Palabra y, sobre todo, con el amor a los demás. Pero no es menos cierto que también tenemos que dar con humildad y con íntimo convencimiento, nuestra respuesta a la gran pregunta sobre la existencia de Dios.
¿Si Dios existe por qué no se le ve?
                En la vida existen muchas cosas que existen y no se ven, por ejemplo: el frío, el calor, la salud, el oxígeno, las ideas, los pensamientos, los sentimientos, la enfermedad, el dolor, la felicidad, el amor, etc. etc. Los ejemplos que podemos poner serían interminables. En la existencia humana son más las cosas que existen y no se ven que al contrario.
                En realidad "tener fe" no es algo solamente referido a Dios. El ser humano vive constantemente actos de fe en su vida diaria. Tener fe es confiar en lo que no vemos y eso lo hacemos cada día y en cada momento.
                Una persona va a realizar un viaje en avión. Compra el billete, se sube al aparato y no pide más garantías de ningún tipo. Ni sabe quién es el piloto ni el mecánico, ni mucho menos sabe de su pericia No sabe el estado del aparato ni de sus fallos técnicos. No conoce la situación emocional y física de la tripulación; pero la persona hace un acto de fe, (confía) en que todo irá bien y pone de esta forma su vida y su cuerpo en manos de unos desconocidos.
                Vas a un bar y pides un café. Al poco tiempo te traen un líquido negro en una taza o vaso y haces un nuevo acto de fe (confías), ya que no tienes ninguna prueba ni científica ni técnica que el contenido del mismo sea el café solicitado. Te lo tomas porque confías que no hayan introducido en tan negro líquido un poderoso veneno.
                Vas a cruzar un paso de peatones. Haces de nuevo un inmenso acto de fe. Confías que los coches se pararán y te dejarán pasar sin mayores dificultades. Nadie te ha garantizado ni científica ni técnicamente que los conductores van a respetar esa regla de circulación, pero tienes fe en que los coches se detendrán ante tu presencia. Todo un acto de fe…
                Vas al médico. Muchas veces no sabes ni cómo se llama ni conoces su pericia. No le exiges ver su título académico ni pruebas de su competencia. Tienes delante a un desconocido que te dice qué tienes que tomar y en qué dosis. No te cercioras de sus posibles errores. Haces otro acto de fe y desde que sales de la consulta vas y te compras los medicamentos y confiando en el médico te los tomas sin pensar en las posibles gravísimas consecuencias para tu organismo. Los errores médicos están al día. Todo un acto de fe…
                Desde que nací conocí a un hombre y una mujer que se han pasado toda la vida diciéndome que son mis padres. La verdad es que no tengo ninguna constancia ni científica ni técnica que me obligue a creer que lo son. Quiero muchísimo a mis padres pero no tengo ninguna prueba que me demuestre que lo son. Hago un acto de fe (confío) en que lo son y les amo y respeto como se merecen. Lo mismo ocurre con mis hermanos. Todo un acto de fe…
                Todo en la vida humana es un acto de fe, es un confiar en las personas, en su bondad, en su buena disposición a no hacerme daño. Objetivamente no tengo ninguna prueba ni científica ni técnica, pero confío plenamente en las personas con las que me encuentro en la vida.
                Siempre me he preguntado que si a los demás no les pedimos tantas pruebas... ¿Por qué algunos exigen tantas pruebas a Dios...?
Mario Santana Bueno

Personajes de la Biblia: David



          A muchos les sonará a historieta de cómic o a película de dibujos animados. Sin embargo, la batalla de David contra Goliat encierra una de las enseñanzas más profundas de la revelación bíblica. Los filisteos, con todo su poderío militar, tenían atemorizado al pueblo de Israel. Su superioridad era enorme y su actitud para con los israelitas, despectiva e insultante. Llevaban ya demasiado tiempo en esta situación e impedían que el pueblo elegido viviera con paz y libertad.
David apareció en el campo de batalla casi por casualidad. Era todavía un muchacho y su padre le envió a llevar alimentos a sus hermanos mayores, que estaban enrolados en el ejército del rey Saúl. Una vez allí, se percató de la situación. Goliat, un guerrero fornido y corpulento, armado hasta los dientes, despreciaba a los «esclavos israelitas», y proponía una lucha entre él y un representante del ejército de Israel. Sus hermanos querían alejar al joven David cuanto antes del campo de batalla, por considerarlo temerario y que sólo estaba allí por curiosidad. Debía volver a lo suyo: a cuidar el rebaño familiar en Belén. Sin embargo, sorprendentemente, David se ofreció al rey para luchar contra el filisteo. Tan convencido debió de verle Saúl, que accedió a su ofrecimiento y le revistió de su propio armamento. Pero era imposible moverse con todo aquello: más que ayudar, estorbaba. Y decidió salir a pecho descubierto, sin más armas que las del pastor: la honda y unas piedras en su zurrón. Goliat le despreció una vez más. Pero entonces David esgrimió su verdadera arma: «Tú vienes a mí armado de lanza y jabalina, pero yo voy a ti en nombre del Señor de los ejércitos, cuyas huestes has desafiado». Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: contra todo pronóstico derribó al filisteo con una piedra y lo remató con su propia espada.
En este sencillo relato está compendiada la historia entera del pueblo de Israel: minúsculo e insignificante en medio de los grandes imperios que se fueron sucediendo (Egipto, Asiria, Babilonia…), pero contando con el poder de Dios.
Con demasiada frecuencia los cristianos olvidamos que Cristo –el verdadero David– ha vencido al Maligno en la debilidad, que todo el nuevo Israel –la Iglesia– hemos sido liberados de la tiranía del pecado y de la muerte gracias a la muerte de Cristo. Como David, Jesús venció –para sí mismo y para toda la humanidad– dejándose matar. Porque “lo débil de Dios es más fuerte que los hombres, y lo necio de Dios más sabio que los hombres” (1Cor 1,25). «Te basta mi gracia, porque mi fuerza se muestra perfecta en la debilidad… Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2Cor 12,9–10).
David venció en la debilidad por su fe en Dios, siendo un muchacho. De ahí la insistencia de Jesús en «hacernos como niños» (Mt 18,3-4). Sólo desde la conciencia –y experiencia– de no poder es como realmente lo podemos todo
 (Texto bíblico:1Samuel 17)

martes, 2 de octubre de 2012

Buscando a Dios...



"Durante treinta años he caminado
a la búsqueda 
de Dios,
y cuando, 
al final 
de este tiempo, 
he abierto los ojos,
he descubierto 
que era Él 
el que me buscaba."
 


(místico árabe + 875)

lunes, 1 de octubre de 2012

Domingo 7 de Octubre


Los prejuicios



Prejuzgar es actuar sin conocer, sin escuchar, sin abrir espacio a la acogida. Y una vez que se crea un prejuicio, qué difícil es deshacerse de él. Bien decía A. Einstein: «Es más fácil romper un átomo que un prejuicio».

Un recordatorio...