lunes, 7 de mayo de 2012

EMAÚS


¡Cómo me gustaría
encontrarme contigo en el camino
sencillamente y como por azar
y, al contarte mis miedos, al abrirte mis dudas,
al darte la razón de mis tristezas,
oír tu voz de caminante amigo,
escucharte explicar las escrituras
(y cómo me ardería el corazón de oírte)
y dar razón de ti,
de tu pasión y muerte,
y de tu amor a muerte,
de tu resurrección de entre los muertos!
Y luego ¡con qué amor y con qué
firme presentimiento
te invitaría al ver caer la tarde
a alojarte en mi casa,
sacaría mi pan, serviría mi vino,
te sentaría junto a mí aguardando
los signos de una cena memorable!
¡Cómo me gustaría
verte tomar el pan y bendecirlo,
partirlo con tus manos y, al tenerlo en las mías,
tocar la gloria y descubrir tu rostro!
¡Cómo me gustaría
encontrarme contigo, aun sin saberlo,
cuando me topo a un hombre que camina
como viajero de mi mismo viaje,
ahora que sé que todos los caminos
están llenos de ti,
que todos los que van a nuestro lado
o se nos cruzan en la misma vida
pueden sentarse a nuestra misma mesa!
¡Cómo me gustaría
vivir en Emaús a cada instante
y descubrir tu rostro y tu presencia
en el rostro divino de los hijos
de nuestro mismo Padre!
¡Cómo me gustaría!

jueves, 3 de mayo de 2012

OVEJA Y PASTOR


Son muchas las veces que en la Sagrada Escritura se nos compara a nosotros los seres humanos con las ovejas. ¿Por qué la insistente comparación con la oveja?

El comportamiento de la oveja nos resulta prácticamente desconocido, salvo por lo que hayamos podido ver en alguna película o en la televisión. Pero es interesante adentrarse en ciertos detalles sobre este dulce animal, para ver cuánto nos quiere decir el Señor al compararnos una y otra vez con las ovejas y al definirse Él como el “Buen Pastor”.
La oveja es un animal frágil. Se ve ¡tan gordita!, pero al esquilarla, es decir, al quitarle la lana, queda delgadita y se le nota entonces toda su fragilidad. Es, además, un animal dependiente, no se vale por sí sola: depende totalmente de su pastor. Por cierto, no de cualquier pastor, sino de “su” pastor. Es tan incapaz, que con sus débiles y poco flexibles patitas, no puede siquiera treparse al pastor y necesita que éste la suba. No así un perro... o un gato. Si se queda ensartada en una cerca o en una zarza, no puede salirse por sí sola: necesita que el pastor la rescate. La oveja anda en rebaño, no puede andar sola. Si llegara a quedarse sola, no es capaz de defenderse: es fácil presa del lobo o de otros animales feroces. Su dependencia del pastor la hace ser obediente y atenta a la voz y a la dirección de “su” pastor. No obedece la voz de cualquier pastor, sino que atiende sólo a la del suyo. El pastor las lleva a veces a pastar guiándolas con una vara alta, llamada cayado, y a veces las reúne en un espacio cercado, llamado redil o aprisco.
¿Qué nos quiere decir el Señor al compararnos con las ovejas? Y ¿qué nos quiere decir al definirse Él como el “Buen Pastor”? El Señor nos dice que Él es el mejor de los pastores, pues Él da la vida -como de hecho la dio- por sus ovejas. Y sus ovejas lo conocen y escuchan su voz. Nos dice también que Él conoce a cada una de sus ovejas por su nombre, y las ovejas reconocen su voz (Jn. 10, 1-10).
Nosotros, ovejas del Señor, somos también frágiles, aunque nos creemos muy fuertes y muy capaces. Dependemos de Él aunque, engañados, podamos pasarnos toda nuestra vida, tratando de ser independientes, tratando de valernos por nosotros mismos. Necesitamos de nuestro Pastor y Él nos rescata y nos coloca sobre su hombro, igual que a la oveja perdida, para llevarnos al redil (Lc. 15, 4). No podemos andar solos, “como ovejas descarriadas” (1 Pe. 2, 25), pues corremos el riesgo de ser devorados por los lobos que están siempre al acecho. Debemos tener cuidado de no obedecer la voz de ladrones de ovejas, que no entran por la puerta y que saltan por un lado del redil y simulan ser pastores para llevarse a las ovejas. ¡Cuidado con las voces extrañas! ¡Cuidado con confundirlas con la Voz del Buen Pastor! Se parecen... pero no son.
Y confiamos tanto en nuestro Pastor que, aunque pasemos por cañadas oscuras, nada tememos, porque Él va con nosotros; su vara y su cayado nos dan seguridad.
“El Señor es mi Pastor, nada me falta” (Sal. 22)

¿Oración o acción?


¿Qué es más importante: la oración o la acción?
En un mundo tan dado a la actividad y al activismo se tiende a oponer a veces la oración a la acción y a desvirtuar el significado y el sentido de la contemplación. Pero estas actividades no son contrapuestas, sino absolutamente complementarias. Es más, una depende de la otra: la primera es la oración, luego viene la acción, como resultado de la oración.
De la unión con Dios consecuencia de la verdadera oración brota la fuerza sobrenatural que hace eficaz la acción.
En los santos puede verse que mientras más adelantaban en su vida de oración, más atendían a las necesidades del prójimo. En Sta. Teresa de Jesús, por mencionar sólo una, coinciden su vida de oración contemplativa con su vida de escritora y de fundadora, cuando después de haber sido monja durante 20 años, se hace contemplativa, es decir: se da cuenta de que Dios no está esperando las obras que ella pueda realizar, sino que le dé oportunidad a El para hacer sus obras en ella y a través de ella.

De allí que el Papa Juan Pablo II nos indicara que “para conocer a Cristo en el pobre, hay que encontrarlo y conocerlo en primer lugar en la oración”. Refiriéndose el Papa al pasaje sobre María y Marta (Lc. 10, 39), nos indica que “estar sentados a los pies del Maestro constituye sin duda el inicio de toda actividad auténticamente apostólica”, invitándonos al necesario balance entre oración y acción, entre María y Marta. (JP II, 4-10-86) Insistió, como en otras varias oportunidades, que “la misión sigue siendo siempre, primariamente, obra de Dios, obra del Espíritu Santo, que es su indiscutible ¡protagonista!”, recordándonos que por muy necesarios que sean los esfuerzos humanos, el éxito no depende de nosotros, pues la misión es “obra de Dios”. De allí que el Papa Benedicto XVI, cuando era el encargado de preservar la Fe en la Iglesia Católica, al hablar sobre la Nueva Evangelización, tuvo esto que decirnos: “Todos los métodos están vacíos si no tienen en su base la oración. La palabra del anuncio siempre debe contener una vida de oración”. Y nos recordaba: “Jesús predicaba durante el día y de noche rezaba” (El Cardenal Ratzinger y la Nueva Evangelización, Zenit 7-7-01).
“Somos contemplativas, pues ‘rezamos’ nuestro trabajo ... Rezamos cuatro horas al día”, refirió la Madre Teresa de Calcuta en la última entrevista que tuvo con la prensa antes de pasar a la vida eterna. “Mientras más recibimos en la oración de silencio, más podemos dar en nuestra vida activa ... Necesitamos el silencio para poder llegar a las almas ... En la oración vocal nosotros hablamos a Dios. En la oración de silencio es El quien nos habla a nosotros ... En el silencio se nos otorga el privilegio de escuchar Su Voz”. Son frases de la Madre Teresa que explican cuál es el fundamento del ser “contemplativos”.

"QUÉDATE CON NOSOTROS" (Lc 24,13-35)


Jesús sigue presente entre nosotros, pero de otra manera.

«Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque atardece; sé nuestro compañero de
camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra débil esperanza...».
Como los de Emaús, también nosotros te necesitamos, compañero de camino. Necesitamos que escuches nuestras preocupaciones, nuestros desengaños.
Necesitamos que acompañes nuestro dolor.
Necesitamos que nos acompañes cuando en la vida todo se oscurezca.
Necesitamos que nos des tu ternura, tu compasión, tu comprensión y cercanía.

Jesús resucitado, ¡quédate con nosotros porque en la vida, en más de una ocasión, se oscurece la alegría y necesitamos de la luz de tu compasión y lealtad!
Jesús resucitado, ¡no nos dejes nunca, te necesitamos!

DECÁLOGO DE LA SERENIDAD PAPA JUAN XXIII


Solo por hoy trataré de vivir exclusivamente al día,
sin querer resolver los problemas de mi vida
todos de una vez.

Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto:
cortés en mis maneras, no criticaré a nadie
y no pretenderé criticar o disciplinar a nadie,
sino a mi mismo.

Sólo por hoy seré feliz
en la certeza de que he sido creado para la felicidad,
no solo en el otro mundo,
sino en éste también.

Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias,
sin pretender que las circunstancias
se adapten todas a mis deseos.

Sólo por hoy dedicaré diez minutos
a una buena lectura;
recordando que,
como el alimento es necesario para la vida del cuerpo,
así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

Sólo por hoy haré una buena acción
y no lo diré a nadie.

Sólo por hoy haré por lo menos
una cosa que no deseo hacer;
y si me sintiera ofendido en mis sentimientos,
procuraré que nadie se entere.

Sólo por hoy me haré un programa detallado.
Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré.
Y me guardaré de dos calamidades:
la prisa y la indecisión.

Sólo por hoy creeré firmemente 
-aunque las circunstancias demuestren lo contrario-
que la buena Providencia de Dios se ocupa de mi
como si nadie más existiera en el mundo.

Solo por hoy no tendré temores.
De manera particular no tendré miedo
de gozar de lo que es bello
y de creer en la bondad.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Creador de cielo y tierra


La historia del universo es un enigma apasionante, que los investigadores se esfuerzan en descifrar. Según una reciente teoría, el universo debió comenzar hace unos 12.000 millones de años con una gran explosión... cuyos efectos duran todavía: se trata de la teoría del universo en expansión.
La tierra, con el sistema solar, dataría de 4.600 millones de años. La vida iría apareciendo en sucesivos impulsos con seres cada vez más complejos. Tras las primeras algas azules, de hace 3.700 millones de años, se llega hasta los primates, de hace 2 millones de años, que serían los antepasados inmediatos del hombre. Es la teoría de la evolución.
Más allá de la ciencia
La ciencia trata así de describir la historia del mundo y de la vida. Se esfuerza en explicar el cómo de su aparición. Podríamos conformarnos con este logro; pero el espíritu es audaz y trata de ir más lejos en su investigación (…)
Los progresos de la ciencia en el siglo XIX han llevado a creer que el hombre llegaría por sí solo a obtener una completa explicación de la existencia. Sin embargo, cuanto más progresa la ciencia, más crecen los interrogantes sin respuesta, y nuestra inteligencia descubre en la contemplación del mundo y del universo las huellas de otra inteligencia misteriosa y superior actuante. Basta abrir los ojos para llenarse de admiración ante la habilidad de las abejas o ante esa pequeña araña que habita en el agua con una campana de buzo que se ha fabricado ella misma. Cuando uno mira a través del microscopio o del telescopio, el mundo aparece como repleto de inteligencia, como un árbol lleno de savia en primavera.
La teoría de la evolución, lejos de oponerse a la existencia de una inteligencia superior, la exige claramente. Cada etapa de esta evolución se nos muestra como el desarrollo de un programa preestablecido. Y así como el funcionamiento de una lavadora nos remite a la existencia de una inteligencia que la ha programado, la evolución del mundo nos remite también sin duda a una inteligencia que ordena el tiempo y la forma de su desarrollo.
Esta misteriosa inteligencia tiene la particularidad de que solo se muestra a nosotros a través de sus huellas, como un perfume que nos envuelve sin que lleguemos a saber de dónde procede, o como unas pisadas sobre la nieve, que están dando testimonio del paso de aquel cuya identidad no somos capaces de precisar.
En el fondo de nosotros mismos
Esta misteriosa fuerza actuante la captamos también en nuestro mismo interior, en nuestra inteligencia y en nuestra voluntad, bajo la forma de una atracción hacia la verdad y hacia el bien.
La atracción de la Verdad y el gusto por el Bien va acompañada en nosotros de sentimientos de libertad y de dignidad, experimentados y percibidos con gran fuerza por nuestros contemporáneos. Y estas realidades interiores nos remiten a su vez a un absoluto capaz de justificarlos.
La misteriosa inteligencia que construye el mundo y que nos construye desde dentro, esa fuerza del bien que invocamos para reclamar nuestros derechos y que fundamenta a la vez nuestros deberes, tiene una consistencia real. A esta realidad hay que darle un nombre, se le llama DIOS.
• «En el principio estaba el Verbo y el Verbo era Dios... Todo fue hecho por Él y sin Él nada se hizo» (Jn 1,1-2).

Yves Moreau es el autor de Razones para Creer.

Maiatza... Maria Birjina!

Jasokunde eta Sagarrondoko Santa Maria... 
otoitz gure alde!

¡Dios Padre bueno
que elegiste a la Virgen María
para ser la madre de tu Hijo!:
concédenos que, siguiendo su ejemplo,
también nosotros,
con nuestra vida,
demos a conocer al mundo tu bondad.